Guitarra

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La guitarra clásica o guitarra española es un instrumento musical de cuerda pulsada, que conjunto a la guitarra eléctrica y a la guitarra acústica pertenece a la familia de la guitarra.

Es un instrumento acústico y está compuesto principalmente por materiales de madera. Dispone de seis cuerdas, todas ellas de nylon (siendo las tres más graves de nylon entorchadas con metal) lo que le permite tener una menor tensión que las cuerdas de los demás tipos de guitarra. Las cuerdas están atadas en el puente y en las clavijas, apoyándose en la selleta y en la cejuela.

Posee de un mástil sobre el que va adosado el diapasón y por donde discurren las seis cuerdas. El diapasón es una pieza de madera (normalmente de ébano) de condición lisa o ligeramente curvada. En el diapasón van incrustados los trastes, que permiten conseguir las diferentes notas al acortar la longitud de las cuerdas. La vibración generada al pulsar las cuerdas es transmitida a través del puente a la tapa armónica y la caja (caja de resonancia). El cuerpo o caja de la guitarra clásica actúa como cámara de resonancia que proyecta las vibraciones a través de la boca, permitiendo así ser escuchada sin la necesidad de amplificación eléctrica. El cuerpo es el mayor determinante de la calidad y del volumen del sonido de la guitarra.

La guitarra en la historia

Al contrario que los demás instrumentos de cuerda actuales (violín, viola, violonchelo, etc.), la guitarra clásica es un instrumento relativamente joven: sus proporciones e incluso su tecnología maduró a finales del siglo XIX, después de una compleja evolución de más de 300 años. En esta evolución modificó fuertemente su estructura y calidad sonora.

En España, uno de los primeros instrumentos de cuerda en aparecer fue la cithara romana, un instrumento, que aunque no poseía lados curvos, compartía todas las demás características de la guitarra. Posiblemente durante la invasión morisca, la cithara romana y el laúd árabe se mezclaron e influenciaron mutuamente. Hacia el año 1200 d.C. la guitarra de 4 cuerdas sufrió una evolución en dos variantes: la guitarra morisca, con un fondo redondeado, y la guitarra latina, con una semejanza mayor a la guitarra actual.

La vihuela surgió a finales del siglo XV, fruto de incorporar dos cuerdas y aumentar las dimensiones a la guitarra previa. A pesar de que en aquel periodo la guitarra ya existía, estuvo aún a la sombra de la vihuela y del laúd. Fue a partir de finales del siglo XVIII y principios del XIX cuando las guitarras comenzaron a usar seis cuerdas. Fueron añadidas las costillas a la tapa armónica, reforzando así la estructura y permitiendo reducir la tapa, obteniendo de esta manera un mejor sonido. Estas guitarras son consideradas como las primeras guitarras clásicas.

Hacia el año 1850, la guitarra se sufrió el mayor desarrollo de su historia. Antonio de Torres Jurado modificó los soportes de la tapa armónica creando el actual abanico. La caja de resonancia fue ampliada, al igual que el ancho del mástil. Gracias a estas mejoras, se mejoró el volumen del sonido y la respuesta de los bajos. De esta manera la guitarra estaba también preparada para la interpretación en grupo instrumental. Las guitarras actuales conservan aún lo que fue descubierto hace 150 años. Pero la guitarra, al contrario que la familia del violín, no ha llegado al fin de su evolución.

Ejecución

La ejecución convencional de la guitarra se efectúa en posición sentada, apoyando la caja armónica sobre la pierna izquierda, con el mástil o diapasón hacia la izquierda. Esto hace que las cuerdas más graves queden arriba y las más agudas abajo. La dirección de la guitarra puede ser la opuesta en los instrumentistas zurdos.

La guitarra no tiene una disposición completamente horizontal ya que la parte del mástil estará más elevada que la parte de la caja armónica. Para ello se coloca el pié izquierdo sobre un banquito, o más recientemente utilizando un soporte entre la guitarra y la pierna. 

Una de las características de la guitarra, al igual que los instrumentos de cuerda frotada, es que las manos desempeñan acciones diferentes, con lo que dificulta el proceso de aprendizaje. Los dedos de la mano izquierda (la derecha para los zurdos) actúan sobre las cuerdas, oprimiéndolas contra el diapasón entre los trastes, delimitando el segmento de cuerda que vibra, de manera que queda libre la longitud correspondiente a la nota musical deseada.

Una vez que se ha fijado de esta manera la longitud de todas las cuerdas o de las cuerdas que se desea pulsar, la mano derecha las pulsa o rasguea. El pulgar de la mano derecha pulsa las cuerdas hacia abajo desde su parte superior y los demás dedos en sentido contrario desde la parte inferior.

El sonido que se produce en la guitarra, no sólo dependerá del instrumento en sí, sino también del ejecutante. Habrá tres factores determinantes: parte del dedo (uña y/o yema) de la mano derecha que pulsa la cuerda, lugar de pulsación en la cuerda y movimiento de dedo al pulsar la cuerda.

Existen dos técnicas básicas de pulsación de mano derecha: tirando y apoyando. Aunque podemos encontrar muchas variantes técnicas en cuanto a su ejecución, determinadas por el ángulo de la muñeca, movimiento realizado por cada falange de los dedos, posición de la mano con respecto a la boca de la guitarra, etc.

Durante la interpretación nunca será posible para el ejecutante la visualización de ambas manos debido la distancia entre ellas. Además, si se está leyendo la partitura no podremos tener en nuestro campo de visión ninguna de las manos. Este aspecto acarrea un problema ya que debido a la longitud del diapasón de la guitarra, y por tanto a la colocación de los trastes, la mano izquierda puede realizar grandes movimientos que necesitan ser vigilados por el ejecutante. Esta situación es determinante para motivar la memorización de la partitura en los guitarristas.

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